Volver a sentir y enorgullecernos de lo que es nuestro, volver a pertenecer.
Hay algo muy argentino que aparece cuando suena una chacarera y te dan ganas de zapatear, cuando una tonada te hace chasquear los dedos o cuando una cueca te obliga a aplaudir y acompartir el momento sin necesidad de gritar ni competir. Ahí hay algo más que música, hay una forma de encontrarnos, de saber de dónde venimos y de sentir que este país es mucho más que un debate eterno en redes o una pelea política de todos los días
Nuestros viejos también escuchaban esa música, crecieron con guitarras, bombos y patios compartidos, y sin embargo algo pasó en el medio. Hoy muchos jóvenes terminan escuchando cosas que no tienen nada que ver con nuestra historia, no porque esté mal lo nuevo, sino porque nadie se tomó el trabajo de acercarnos lo nuestro con orgullo, sin vergüenza, sin tratarlo como algo viejo o pasado de moda. El folklore no murió, lo dejaron de invitar a la mesa.
La argentinidad no es un discurso ni un eslogan. Está en el mate que se pasa, en el club de barrio, en la escuela pública, en la mesa del domingo, en la guitarra que va de mano en mano sin preguntar quién sos ni de dónde venís. Está en esa cultura que no es museo, que no debería estar guardada en una fecha patria, sino viva, sonando, circulando.
Pero durante mucho tiempo se nos enseñó a usar los símbolos patrios solo para las efemérides, para repetir frases que después no se defienden en la vida real. Se vació de sentido la bandera, la tierra, la cultura, como si fueran cosas decorativas y no parte de lo que somos, y cuando eso pasa, se pierde algo más profundo: se pierde el orgullo, la comunidad y las ganas de cuidar lo propio.
Por eso los jóvenes tenemos una responsabilidad que no es mirar para atrás con nostalgia, sino agarrar lo nuestro y llevarlo para adelante. Que la chacarera conviva con lo nuevo, que la tonada suene en auriculares, que las peñas vuelvan a ser puntos de encuentro y no recuerdos, que la cultura argentina deje de pedir permiso para existir. No se trata de rechazar lo que viene de afuera, sino de no olvidarnos de quiénes somos.
Que vuelva el sentido de pertenencia no es una frase linda para un acto escolar, es algo que se nota cuando falta, cuando da lo mismo la bandera, cuando nadie cuida lo nuestro y cuando todo parece descartable. Volver a sentir orgullo, bancar la cultura que nos hizo y entender que el futuro no se copia ni se compra, se construye con identidad, es quizás una de las tareas más urgentes que tenemos. Que vuelva el sentido de pertenencia es eso, volver a sentir orgullo por lo nuestro y animarnos a sostenerlo en el tiempo.



